Sentir un cansancio constante se convirtió en una experiencia habitual para miles de jóvenes adultos. Aunque el día no haya implicado un gran esfuerzo físico, muchas personas llegan a la noche con la sensación de no tener más energía e, incluso, con la frustración de creer que aún quedaron tareas pendientes.
La psicóloga y especialista en neurociencias Sol Rivera explicó que este fenómeno, conocido como la «generación agotada», afecta principalmente a personas de entre 22 y 38 años, aunque sus efectos comienzan a extenderse a otras generaciones.
La presión por ser productivos nunca se detiene
Según la especialista, el problema no pasa únicamente por trabajar muchas horas, sino por la presión permanente de rendir más, responder rápidamente y cumplir con expectativas cada vez más altas.
Esta sensación provoca que muchas personas vivan con la idea de que siempre podrían haber hecho algo más, transformando el descanso en una fuente de culpa en lugar de un momento de recuperación.
El cerebro también necesita pausas
Rivera sostiene que uno de los errores más frecuentes es creer que detenerse significa perder tiempo.
Por el contrario, explica que el cerebro necesita pausas y transiciones entre una actividad y otra para mantener un buen rendimiento. Cuando esas interrupciones desaparecen, aumenta la fatiga mental y disminuye la capacidad de concentración.
El multitasking y las redes sociales también influyen
Responder mensajes mientras se trabaja, atender reuniones, revisar redes sociales y realizar varias tareas al mismo tiempo se volvió una práctica cotidiana.
Sin embargo, este hábito obliga al cerebro a cambiar constantemente de foco sin completar plenamente ninguna actividad, generando un desgaste mucho mayor de lo que muchas personas perciben.
A esto se suma el uso permanente de redes sociales. El llamado scroll infinito mantiene al cerebro expuesto a una sucesión constante de estímulos que generan hiperestimulación, pero pocas veces una verdadera sensación de satisfacción.
Cuando el cuerpo expresa lo que las emociones callan
La especialista también advierte que el agotamiento puede ser una manifestación de emociones acumuladas que nunca fueron procesadas.
En muchos casos, personas que consultan por síntomas físicos descubren, tras descartar causas médicas, que el origen del malestar está relacionado con el estrés, la ansiedad o la dificultad para expresar lo que sienten.
Aprender a poner límites también es cuidar la salud
Otro aspecto que influye en este desgaste es la incapacidad para decir «no». La necesidad de cumplir con todas las responsabilidades personales, laborales y familiares hace que muchas personas releguen su propio bienestar.
Para la especialista, establecer límites saludables no significa rechazar a los demás, sino proteger el tiempo y la salud mental.
Cuidarse también es una prioridad
Los especialistas coinciden en que recuperar momentos de descanso, desconectarse de las pantallas y respetar los tiempos de pausa son herramientas fundamentales para prevenir el agotamiento emocional.
Lejos de ser un acto de egoísmo, dedicar tiempo al bienestar personal permite afrontar las responsabilidades diarias con mayor energía y también acompañar mejor a quienes nos rodean.




